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	<title>Las Palabras Exactas &#187; Noticias</title>
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		<title>EL AMOR ESCONDIDO Y UN MUNDO MÁS FEO</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Apr 2015 12:30:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[las palabras exactas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Es curiosa la condición humana, y desde luego esta frase de inicio podría introducir millones de pensamientos y opiniones; pero si hay una que la merece seguro es nuestra “gestión” del amor.</p>
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				<content:encoded><![CDATA[<p class="p1">Es curiosa la condición humana, y desde luego esta frase de inicio podría introducir millones de pensamientos y opiniones; pero si hay una que la merece seguro es nuestra “gestión” del amor. Sí, el amor mueve el mundo, estoy convencido, en sus distintas versiones y aplicaciones, en sus diversos modos de proyectarse y sentirse, es el motor de lo que hacemos o dejamos de hacer, hasta la falta de amor es extremadamente trascente y de consecuencias significativas. El amor nos une y nos desune, nos motiva o desmotiva, influye en nuestra felicidad de un modo decisivo, y es un denominador común para todos y en todos. Incluso aquellos que nos parecen odiosos o repulsivos, aman, han amado o han sido amados, en mayor o menor medida.</p>
<p class="p1"><span class="s1">El amor explica muchas cosas y por eso hay tantas cosas complicadas, y las más complejas merecen mucho la pena. Y sobre todo es una experiencia, única, personalísima, inigualable y con tantos matices como aptitudes y actitudes de cada “ser”. Hay muchas formas de amar y, particularmente, diferentes modos de demostrar amor, y cada una tiene su propio sentido, su momento, y la dificultad estriba en conjugar todos esas maneras de querer… Los libros, la música, las palabras, los hechos, se inspiran, buscan o tratan de explicar o de contar el amor, y que se pueden quedar cortos o no, pero que siempre sugieren algo<span class="Apple-converted-space">  </span>o cada uno lo contaría de otra manera. Hay infinitos textos sobre el amor, pero a mí hay dos que recientemente me bullen y agitan de un modo especial y que comparto:</span></p>
<p class="p1"><strong><span class="s1">1.- Uno es este extracto de “El Principito”:</span></strong></p>
<p class="p3"><span class="s1"><i>-“Te amo – dijo el principito…<br />
-Yo también te quiero – dijo la rosa.</i></span></p>
<p>-No es lo mismo – respondió él…</p>
<p>Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de afecto, de compañía…Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes.</p>
<p><i>Querer es esperar, es apegarse a las cosas y a las personas desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no tenemos reciprocidad hay sufrimiento. Cuando el “bien” querido no nos corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados.</i></p>
<p class="p4"><span class="s1"><i>Cuando una persona dice que ha sufrido por amor, en realidad ha sufrido por querer, no por amar. Se sufre por apegos. Si realmente se ama, no puede sufrir, pues nada ha esperado del otro.</i></span></p>
<p>Cuando amamos nos entregamos sin pedir nada a cambio, por el simple y puro placer de dar. Pero es cierto también que esta entrega, este darse, desinteresado, solo se da en el conocimiento. Solo podemos amar lo que conocemos, porque amar implica tirarse al vacío, confiar la vida y el alma. Y el alma no se indemniza. Y conocerse es justamente saber de vos, de tus alegrías, de tu paz, pero también de tus enojos, de tus luchas, de tu error. Porque el amor trasciende el enojo, la lucha, el error y no es solo para momentos de alegría.</p>
<p>Amar es la confianza plena de que pase lo que pase vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoísta, sino estar, en silenciosa compañía. Amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos.</p>
<p><i>Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí”.</i></p>
<p class="p6"><span class="s1">Es el amor y sus sinónimos, sus aristas y variables, y sus apellidos, porque el amor o querer (según El Principito) puede ser egoísta (aunque le pese a San Pablo y cante lo que cante Perales), pero nunca perverso; pero el amor bien entendido, es generoso, entregado, desinteresado, es darse. Pero si hasta la rosa y El Principito polemizan, lo que nunca es el amor, es fácil, porque amar tiene mucho mérito, es un don, es un regalo, aunque lo defendamos como derecho, y hasta nos lo impongamos como deber, amar de verdad es de valientes, de aventureros… Y ante todo amar es vivir, porque vivir sin amor, supone, apenas, sobrevivir esperándolo.</span></p>
<p class="p7"><strong><span class="s2">2.- Esta frase de John Lennnon:</span><span class="s3"> “</span><span class="s1"><i>Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor, mientras la violencia se practica a plena luz del día”.</i></span></strong></p>
<p class="p8"><span class="s1"><i>Y no se trata de apología del desenfreno público, pero al leer esto me sobresalto pensando que nos resulta más fácil discutir que besarnos, nos incomoda menos que nuestros hijos nos vean gritando, tensionados o disgustados, enfrentados e irascibles, que en gestos de pasión, de ternura, de delicadeza. Nos escondemos para querernos, y esperamos que nos quieran, mientras exhibimos nuestras distancias. El amor parece cosa de alcoba y habitación, y las luchas se libran en las calles, así se llena el planeta de discordia y se va arrinconando el cariño más poderoso hasta encerrarse en el cofre de nuestro pudor. Desde niños nos medimos en fuerza y violencia, y se admira al muscoloso intimidador, o al chistoso cínico que ridiculiza a otros, y se margina o ignora al sensible. Aprendemos la importancia de ser vigorosos y aspiramos a la superioridad, y percibimos que los besos son pequeños momentos que se distancian, se complican y se van diluyendo con el tiempo.</i></span></p>
<p class="p8"><span class="s1"><i>Los novios se besan clandestinos, los padres se abrazan furtivos, los niños concursan por besos, nadie compra besos de viejos… y el amor querido, y y los que quieren amor, van perdiendo la costumbre de mostrar el corazón en ese gesto. En cambio y al contrario, apenas hay vergüenza en la riña o el reproche impulsivo, es noticia el atropello y la violencia, y hay que juntar amores en una plaza para batir record y salir en las televisiones, o mostrar piel y carnaza para que nos planteemos cómo queremos y si queremos bien.</i></span></p>
<p class="p8"><span class="s1"><i>Los niños pelean por deporte, los adultos riñen por costumbre, el valor se mide en golpes dados, y quererse casi en secreto no compensa el ruido mohíno de las disputas pendencieras. Entre batallas e historias de amor o en la mezcla de ambas, como si todo amor pudiera acabar batalla, y toda batalla fuera necesaria para el amor, cuando quererse y amarse, a veces es tan simple como no dejar de besarse, de mirarse, de hablarse en voz baja, de escuchar los silencios en compañía, de dibujar siluetas en la piel amada, o pensar que estar sin ella es como estar sin nada.</i></span></p>
<p class="p8"><span class="s1"><i>Y con estas campanas marchitas que redoblan intensas en forma de violencia explícita, de egos malcriados, con la agresividad como heroína.. <span class="Apple-converted-space">  </span>el mundo se afea y se embrutece con una inercia natural y consentida, que sólo se rompe a base de abrazos y besos, aun tímidos, de padres e hijos, de esposos, de amigos, de hermanos, de nietos… Hacer el amor con la luz del día o en la escuridad de la noche, y darle forma al amor haciéndose uno con el otro, es el agua que limpia la sangre que amenaza con teñir las fotos de nuestras vidas. Y es que el amor hasta escondido y a escondidas, se escapa por las rendijas de nuestras sonrisas o las palabras calladas de nuestras almas que son nuestros hechos.</i></span></p>
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		<title>“LOS OCUPADÍSIMOS”, LO IMPORTANTE Y LAS URGENCIAS</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Apr 2015 12:29:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[las palabras exactas]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Convivimos con multitud de quehaceres, necesidades reales e inventadas, propias e impuestas, buscadas y que nos encuentran, que se atropellan y nos atropellan. Hay que programar hasta el ocio, y las naderías son un lujo. Estamos llenos de obligaciones y buscamos excusas para las devociones y aficiones.</p>
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				<content:encoded><![CDATA[<p class="p1">Convivimos con multitud de quehaceres, necesidades reales e inventadas, propias e impuestas, buscadas y que nos encuentran, que se atropellan y nos atropellan. Hay que programar hasta el ocio, y las naderías son un lujo. Estamos llenos de obligaciones y buscamos excusas para las devociones y aficiones. El día a día parece configurarse como una sucesión de “tener que…”, “hay que …”, “debo hacer…”, “puedo y no puedo”; o peor, “quiero y no puedo” o “me gustaría si pudiera..”. Sin embargo, esta tensión vital tiene más que ver con la percepción y la sensación que con la realidad, o se aproxima más a una mala gestión de una realidad menos alienante. Sentirse muy ocupado no es lo mismo que estar verdaderamente ocupado, y exponer o comunicar un estado de ocupación e indisponibilidad permanente exige cierto criterio y justificación para no decaer en la credibilidad del hecho y su causante. Esto es, uno se puede sentir muy atareado siempre y entonces debe hacérselo mirar, puede estar siempre muy ocupado e igualmente deberá revisarlo y es recomendable cambiarlo y organizarse de otro modo; pero proyectar a terceros ese incesante estado de ocupación irreversible e imperecedera puede terminar por ofender al prójimo y desacreditar al “agobiado”.</p>
<p class="p1"><span class="s1">En una sociedad competitiva y en un mundo de competencias, la multitarea, la productividad y la pluriactividad, así como la constante exigencia profesional, nos empujan a una espiral de difícil asimilación y donde nos enfrentamos a crueles discernimientos entre lo importante y lo urgente, que suelen llevarnos a confundirlos y considerar que todo es urgente e importante a la vez. Pues bien, lo único urgente e importante al mismo tiempo es vivir, la vida en sí misma, y en la medida en que sintamos que no vivimos la vida que queremos las urgencias estarán ganando la batalla a aquello que importa de verdad. El equilibrio es el mayor desafío, el término medio es un reto extremo, pero sólo aspirando a él estaremos cerca de ponderar y diferenciar lo que merece la pena, de lo que nos hace merecer pena. Las alternativas drásticas se sitúan entre llevar o estar cerca de la vida que queremos, o dejar que la vida nos lleve donde sea con momentos puntuales que queremos y por los que pasamos por inercia y necesidad de sobrevivir a nosotros mismos. Muchos nos sentimos muy ocupados, y tendemos a aplazar nuestros compromisos con nuestros propios propósitos y deseos para unas circunstancias mejores que no terminan de llegar, porque dependen de nosotros y no lo asumimos. No es raro terminar el día o darlo por terminado y agendar (de pensamiento o acción)para el día siguiente u otro día posterior aquello que habíamos previsto como intención y “capricho” del día.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Y si efectivamente la sensación generalizada es que el tiempo se escabulle como la arena entre las manos, y que no abarcamos a hacer lo que pretendemos; o lo que pretendemos nos abarca de tal modo que a duras penas nos permite lo que deseamos; resultan hirientes y sofocantes esos perfiles que siempre, sin excepción, por sistema, a cualquier pregunta, requerimiento, petición o invitación, responden con un “estoy muy ocupado”, “estoy hasta arriba”, “no llego”… o cualquier versión en cualquier idioma y tono del “ocupadísimo”. No me refiero al que se siente o está así un día determinado, una época (razonablemente breve), un momento, o por unas circunstancias identificables y comprensibles; sino a esos que están ininterrumpidamente e indefinidamente “ocupadísimos” o se sienten así y/o te lo dicen cada vez que les das ocasión. Son como el conejo de Alicia en el País de las Maravillas: cuando los ves o hablas con ellos por cualquier motivo siempre expresan esa situación.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Y claro ante esto, al principio te lo crees y le compadeces, las siguientes veces hasta te sorprendes y le envidias, y a partir de ahí tienes dos opciones o te lo tomas con cierto cinismo o te llenas de acritud, lo que te genera una acidez prescindible. El caso es que con el máximo respeto a las percepciones y sensaciones, si uno está tan ocupado como para sentirse siempre ocupado es que gestiona mal su tiempo, organiza mal su vida y está llamado a cuestionarse qué y cómo mejorar, porque aquello que espera que suceda para cambiar esa dinámica depende estrictamente de él, de sus renuncias, de sus decisiones y prioridades, y nada sucederá si él no hace que suceda, porque si sucede sin su protagonismo muy malo puede ser. Igualmente, si uno expresa esa situación de agobio o apuro estable, real o ficticia, y es parte de su “presentación” tiene que ser consciente que el número de veces que lo diga es inversamente proporcional a la confianza y credibilidad que provoca. Y si esa ocupación infinita o puntual se utiliza como excusa, argumento o justificación ante un semejante, el descrédito comienza a tornarse en desconsideración y mala educación.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">No es nada fácil adueñarse del tiempo que nos toca vivir, pero tampoco deberíamos ser presa fácil para que el tiempo se apropiara de nosotros y nuestros anhelos, hasta el punto de diluirlos y confundirlos con nuestras obligaciones y ocupaciones.Y desde luego sugerir ciertas dosis de empatía y sensibilidad pese a ser un discurso socorrido, porque estar siempre ocupado o de vacaciones, suena como estar siempre en el agua y buceando…imposible. Además, al que se le conoce o presume ocupado, no precisa de demostraciones y exhibiciones; por lo que la reiteración de la excusa apunta a mediocridad congénita. Y lejos de ser una desfachatez, tener tiempo para lo importante, para lo que deseamos y otros necesitan o nos piden; implica una demostración de capacidad y empeño por encontrar el tiempo perdido, por regalar nuestro tiempo. Y es que, a veces, la mejor forma de encontrar ese tiempo perdido pasa por perder el tiempo, que es algo muy nuestro. Prefiero disimular la ocupación con una sonrisa que perder sonrisas por estar ocupado, de verdad o de mentira, porque es falso estar ciertamente ocupado siempre, cuando el tiempo no puede dejar de ser nuestro, salvo que nos lo hayan hurtado y lo hayamos maltratado y despilfarrado sin juicio.</span></p>
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		<title>LO QUE ENSEÑA UN BEBÉ</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Apr 2015 12:27:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[las palabras exactas]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Soy padre de familia numerosa, aunque de esas que hace años no estaría en ningún top, ni tendría especial relevancia, y hoy algunos la califican de atrevimiento, y hasta los hay que utilizan el calificativo irresponsabilidad, o nos miran como si estuviéramos locos o directamente nos preguntan si lo estamos…</p>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Soy padre de familia numerosa, aunque de esas que hace años no estaría en ningún top, ni tendría especial relevancia, y hoy algunos la califican de atrevimiento, y hasta los hay que utilizan el calificativo irresponsabilidad, o nos miran como si estuviéramos locos o directamente nos preguntan si lo estamos… Simplificando, soy padre de cuatro hijos, y ciertamente o curiosamente cuando salimos juntos no pasamos desapercibidos, y mira que a mi me gusta la discreción, pero en este caso el orgullo y la satisfacción me pueden… Mis hijos tienen entre 8 meses y 9 años, y conseguir ese paseo familiar viene precedido y acompañdao de un esfuerzo que, una vez con la tropa uniformada, pudiera pasar desapercibido, pero la odisea no por sistematizada y repetida deja de tener su mérito y su puntito de desafío continuo. Pues bien, todo esto para situar que cuatro veces he acompañado el proceso de bebé a niño o niña de mis hijos, y aún estoy en ello con la más pequeña. Y cada vez que lo hago refuerzo el sentido de mi propia paternidad, el valor de ser padre, y recuerdo cada día el propio valor de la vida. Cuando van creciendo, cuando ya son niños o niñas, son vida, pero en ese recorrido desde su nacimiento hasta adquirir cierta autonomía, se aprecia el crecimiento mismo de la vida, como ella se abre paso con ellos y en ellos. Al principio ellos son de la vida, y con el paso de los meses, la vida empieza a ser de ellos; y en todo ese tiempo y para siempre, mi vida ya es su vida, esté donde esté y haga lo que haga. Y todo eso me hace entender mucho mejor a la vida en sí misma. Ese trayecto desde el primer y esperado llanto (tan peliculero y tan cierto que mientras el recién nacido no llora los padres no respiran igual), hasta que las propias destrezas de la criatura le permiten alguna suficiencia vital; está jalonado de ternura infinita, de cariño, de paz en su mirada, de simplicidad, de ocupaciones y preocupaciones, de desvelos, de satisfacciones… Pero sobre todo, ese desarrollo es la demostración irrefutable de la sencillez de la vida en su máxima expresión y de lo accesible que llega a ser la felicidad si no la escondemos o complicamos detrás de torticeras expectativas y necesidades inventadas. Cuando llego a casa cada día, cuando me levanto cada noche porque apenas oigo un balbuceo, cuando se baña, cuando come, cuando está dormida y se despierta, o está despierta y poco a poco va cerrando los ojos mientras le susurro una canción o una melodía inventada para ella… aprendo, aprendo lo que no debería olvidar: a sonreír por cualquier cosa y a llorar sólo por lo que es esencial. Eso me enseñan y me han enseñado mis bebés de forma incesante. Merece la pena sonreír cuando te besan y te abrazan, cuando se dirigen a ti de modo cariñoso y tierno, cuando el otro espera tu risa para alimentar su propia alegría; cuando alguien te toma con cuidado para jugar contigo, te acaricia, se ocupa de tu limpieza, de que estés bien… Merece la pena descansar en los brazos que esperan tu descanso, o dormir sintiendo que velan tu sueño y que eres el sueño de quien te vela… Y es necesario llorar y hasta chillar cuando te falta lo indispensable, cuando se tiene hambre de mil formas, cuando nos sentimos sucios por mil porquerías que nos ponen mostosa el alma, o cuando el dolor incomprensible nos atenaza y debilita, cuando no encontramos el consuelo, cuando perdemos los besos que esperamos, o sentimos una ausencia inesperada, o por una despedida no consentida; cuando nos falta nuestra melodía favorita o nos sentimos solos. Es así de fácil, es así de difícil, pero es así de maravilloso. A veces caigo en la tentación de pensar que vivimos al revés, esto es, que cuando más sabemos de la vida a costa de años viviendo y aprendiendo a vivir estamos anocheciendo en nuestra propia existencia; o acaso es al atardecer de nuestro tiempo cuando distinguimos con más claridad lo importante. Entonces también envidio y maldigo al puñetero Benjamin Button… Pero cuando he tenido a mis bebés en brazos se desmontan estos pensamientos o inquietudes y llego a la conclusión de que nacemos enseñados, de que partimos del mismo lugar al que hemos de ir, que salimos de la sonrisa y la sencillez de la felicidad, de modestas necesidades, que nacemos anhelando y apreciando el valor del amor, de sentirnos queridos, que venimos a este mundo reconociendo el encanto de un abrazo, de una caricia y de un mimo; y que cuando estamos próximos a despedirnos de él, con arrugas que dibujan el mapa de nuestro tiempo, respiramos y nos mantenemos con eso mismo. Así que al final me empeño en que la clave está en lo que hacemos en medio, en cómo empleamos esa amplia franja temporal, y que sin excepción el viaje nos devuelve a ese puerto de piel, alma y besos del que un día salimos inconscientes y al que regresamos llenos de desesperada conciencia. Y mientras más largo es el viaje más claro tenemos el destino, que no es otro que el mismo puerto del que un día partimos. Y en todo ello se presenta claro que el quid está en el medio, sí, en esa tendencia a complicar los motivos de la risa y ese esfuerzo en ahuyentar el llanto en todo momento, porque ni somos niños, ni somos viejos, y es esa mezcla la que nos hace personas para cualquier tiempo. Nos hace un equipaje a base de memoria, de recuerdos, de escucha de lo que otros viven o han vivido. Abrazo y cuneo a mi bebé y a los dos nos importa un bledo el tiempo, yo porque sé que ese es mi momento, y ella porque no necesita ni espera más para verter su sonrisa. Y he aquí otra clave, la necesidad, es el algoritmo que vamos llenando de variables hasta convertir nuestra vida en un prototipo imperfecto, inestable y expuesto a impactos de lo superfluo… Mi bebé me enseña en silencio o con un balbuceo que la palabra más valiosa es quererse sin complejos, sonreír al más leve motivo, y llorar si el amor está en peligro… el resto… el resto ya lo estropeará el tiempo… si se lo consentimos. Al final soy padre de familia numerosa porque soy muy torpe, porque me encanta esta lección, o porque deseo repasarla muchas veces… Sonreír por cualquier cosa y llorar sólo por lo más importante.</p>
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